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Descenso Internacional Del Sella 2018

Cantabria MultiSport

04/08/2018 – EL SELLA VISTO POR UN ALEVÍN
Crónica de Martín, con retoques de Aura.

Desperté a las 6 de la mañana y en ese momento lamenté haber dicho que iba a acompañar al club al Descenso Internacional del Sella. ¡Para verlo y no remarlo! ¡Qué horror! Con las ganas que tenía yo de madrugar…

Hubo una cosa que me motivó bastante, la verdad: fue la tortilla de Anastasia. Sí, la famosa tortilla de Anastasia, la madre de mi compañero Djamili. En el Mini Sella nos llevó una gran tortilla y en el chat del club los mayores se murieron de envidia y pidieron una para el sábado. Anastasia se lo tomó muy en serio y el viernes por la noche, a eso de las once y pico, puso un mensaje: «¿Quién pasa mañana a buscar la tortilla? Ya está hecha». Así que allí nos plantamos mi madre y yo a las 6:45 de la mañana.

El viaje de ida hasta Llovio me lo pasé durmiendo, hasta que María dijo: «¡Martín, hemos llegado, vamos a desayunar!». Desperté raudo y veloz, por supuesto. En Llovio recogimos a Javier Ipiña y a Luis Eduardo, que iban a bajar en K2 veteranos. María e Iván lo harían en K2 mixto sénior. Venía con nosotros también Aarón, un sénior del club “Los Águilas”, de Aguilar de Campoo. Hubo una divertida apuesta entre los dos K2, se jugaron unas sidras que habría de pagar la tripulación que entrase más tarde en la meta de Ribadesella.

Por fin llegó el momento de la salida. La salida estuvo muy bien controlada. Había vigilantes de seguridad que cuidaban de que nadie se metiera entre la valla para el público y los cepos (me explicaron que el año pasado hubo problemas y que posiblemente por eso este año pusieron seguridad). Pero hasta la hora de la salida volví a lamentar el madrugón: ¡tuve que estar esperando casi una hora de pie, para que no me quitaran el sitio! Y mi madre decía: «Que va a merecer la pena, ya lo verás…». Es como mi entrenador Agustín Calderón “Keko”, que siempre tiene razón.

La salida fue espectacular. Cientos y cientos de piraguas saliendo, chocándose, intentando ganar puestos… ¡Casi no se veía ni el agua! Gente corriendo por toda la orilla con las piraguas a cuestas para embarcar más adelante… ¡Una pasada! Lo guay sería estar remándolo, no viéndolo. ¿Cuándo me dejarán?

Nada más ver la salida, nos tuvimos que ir, dado que teníamos que llegar a Llovio con la furgoneta del club. Como había mucha cola en la carretera, para poder ver la regata nos conectamos con el móvil a la televisión asturiana. La cabeza de carrera iba muy por delante de nosotros, estaba emocionante, llegaron a la Boticaria, el K2 de Julio Martínez portea, alcanza al trío de cabeza, empieza el sprint y… ¡se pierde la conexión! En ese momento sí que me puse de mala uva. ¡Era el primer Sella que iba a ver y me perdía el sprint final!

……

A partir de aquí, el señor Martín dice que ya ha terminado de opinar, se levanta de la silla y me deja plantada ante el ordenador. Así pues, estimado público lector, continuaré yo, aunque ya me tengan Vds. más leída que a él.

Por la meta de Llovio vimos pasar a los nuestros. María e Iván llegaron por delante, se les veía muy bien y, de hecho, hicieron una magnífica regata, quedando en 13º puesto de K2 mixto sénior y el 244º de la general (habían salido con el dorsal 443, ¡buena remontada!). Como suele ocurrir en el Sella, sufrieron percances diversos, pero tuvieron su gran momento en la presa volada. El paso estaba casi colapsado, había aglomeración de piraguas, muchas chocaron o se desviaron, pero Iván lo tuvo claro y enfiló perfecto por entre las piedras. «¡Olé, Iván!», gritó María, entusiasmada, y al momento fue coreada por decenas de “olés” y aplausos del público.

Buena remontada hicieron también Luis Eduardo y Javier Ipiña, que salieron con dorsal 519 y entraron en la posición número 302 en Ribadesella, en la 22ª de su categoría. Quisimos hacerles video y foto al paso por Llovio, pero justo en ese momento Luis aflojó la marcha para beber y cuando quisieron ponerse a remar de nuevo había varias piraguas entre ellos y nosotros. Menos mal que los fotógrafos que estaban apostados en los distintos recodos del trayecto les han sacado bien guapos. Al bueno de Aarón, como llevaba la camiseta del Sella, no le identificamos al pasar. Era su primer Sella y sobrevivió con gallardía y un solo vuelco.

Cerca de las tres de la tarde, Martín y yo dimos los primeros bocados a la tortilla de Anastasia, que ya es mundialmente conocida en los campos de Oba. Los palistas se habían quedado a tomar cervecitas en Ribadesella, y subieron por turnos. Primero llegaron María y Aarón en el K2, y agradecieron la tortilla. Más tarde apareció Iván con el K1 del campurriano y casi se le saltan las lágrimas al degustar el delicioso pincho. Apareció también Sergio, nuestro infiltrado en Getafe, que hizo los honores al banquete antes de encaminarse a la carpa de la organización. Luis y Javi ya no llegaron a la tortilla. Regresaron mucho más tarde y se dirigieron directamente a las alubias de la carpa, para “forrar” todo lo que habían embaulado en Ribadesella. Otros amigos y conocidos que ya sabían de las dotes culinarias de Anastasia quisieron probar, pero tampoco llegaron a tiempo, pues los CM’s defendimos la tortilla a capa y espada.

Saludos, conversaciones, encuentros, amigos y conocidos… El Sella es una gran oportunidad de integrarse en esa gran familia, a veces bien, a veces mal avenida, pero familia al fin y al cabo, que es el piragüismo. El año que viene, volveremos a vernos.

Cronica enviada por:Cantabria MultiSport

8 h ·

04/08/2018 – EL SELLA VISTO POR UN ALEVÍN
(Crónica de Martín, con retoques de Aura y fotos variadas).

Desperté a las 6 de la mañana y en ese momento lamenté haber dicho que iba a acompañar al club al Descenso Internacional del Sella. ¡Para verlo y no remarlo! ¡Qué horror! Con las ganas que tenía yo de madrugar…

Hubo una cosa que me motivó bastante, la verdad: fue la tortilla de Anastasia. Sí, la famosa tortilla de Anastasia, la madre de mi compañero Djamili. En el Mini Sella nos llevó una gran tortilla y en el chat del club los mayores se murieron de envidia y pidieron una para el sábado. Anastasia se lo tomó muy en serio y el viernes por la noche, a eso de las once y pico, puso un mensaje: «¿Quién pasa mañana a buscar la tortilla? Ya está hecha». Así que allí nos plantamos mi madre y yo a las 6:45 de la mañana.

El viaje de ida hasta Llovio me lo pasé durmiendo, hasta que María dijo: «¡Martín, hemos llegado, vamos a desayunar!». Desperté raudo y veloz, por supuesto. En Llovio recogimos a Javier Ipiña y a Luis Eduardo, que iban a bajar en K2 veteranos. María e Iván lo harían en K2 mixto sénior. Venía con nosotros también Aarón, un sénior del club “Los Águilas”, de Aguilar de Campoo. Hubo una divertida apuesta entre los dos K2, se jugaron unas sidras que habría de pagar la tripulación que entrase más tarde en la meta de Ribadesella.

Por fin llegó el momento de la salida. La salida estuvo muy bien controlada. Había vigilantes de seguridad que cuidaban de que nadie se metiera entre la valla para el público y los cepos (me explicaron que el año pasado hubo problemas y que posiblemente por eso este año pusieron seguridad). Pero hasta la hora de la salida volví a lamentar el madrugón: ¡tuve que estar esperando casi una hora de pie, para que no me quitaran el sitio! Y mi madre decía: «Que va a merecer la pena, ya lo verás…». Es como mi entrenador Agustín Calderón “Keko”, que siempre tiene razón.

La salida fue espectacular. Cientos y cientos de piraguas saliendo, chocándose, intentando ganar puestos… ¡Casi no se veía ni el agua! Gente corriendo por toda la orilla con las piraguas a cuestas para embarcar más adelante… ¡Una pasada! Lo guay sería estar remándolo, no viéndolo. ¿Cuándo me dejarán?

Nada más ver la salida, nos tuvimos que ir, dado que teníamos que llegar a Llovio con la furgoneta del club. Como había mucha cola en la carretera, para poder ver la regata nos conectamos con el móvil a la televisión asturiana. La cabeza de carrera iba muy por delante de nosotros, estaba emocionante, llegaron a la Boticaria, el K2 de Julio Martínez portea, alcanza al trío de cabeza, empieza el sprint y… ¡se pierde la conexión! En ese momento sí que me puse de mala uva. ¡Era el primer Sella que iba a ver y me perdía el sprint final!

……

A partir de aquí, el señor Martín dice que ya ha terminado de opinar, se levanta de la silla y me deja plantada ante el ordenador. Así pues, estimado público lector, continuaré yo, aunque ya me tengan Vds. más leída que a él.

Por la meta de Llovio vimos pasar a los nuestros. María e Iván llegaron por delante, se les veía muy bien y, de hecho, hicieron una magnífica regata, quedando en 13º puesto de K2 mixto sénior y el 244º de la general (habían salido con el dorsal 443, ¡buena remontada!). Como suele ocurrir en el Sella, sufrieron percances diversos, pero tuvieron su gran momento en la presa volada. El paso estaba casi colapsado, había aglomeración de piraguas, muchas chocaron o se desviaron, pero Iván lo tuvo claro y enfiló perfecto por entre las piedras. «¡Olé, Iván!», gritó María, entusiasmada, y al momento fue coreada por decenas de “olés” y aplausos del público.

Buena remontada hicieron también Luis Eduardo y Javier Ipiña, que salieron con dorsal 519 y entraron en la posición número 302 en Ribadesella, en la 22ª de su categoría. Quisimos hacerles video y foto al paso por Llovio, pero justo en ese momento Luis aflojó la marcha para beber y cuando quisieron ponerse a remar de nuevo había varias piraguas entre ellos y nosotros. Menos mal que los fotógrafos que estaban apostados en los distintos recodos del trayecto les han sacado bien guapos. Al bueno de Aarón, como llevaba la camiseta del Sella, no le identificamos al pasar. Era su primer Sella y sobrevivió con gallardía y un solo vuelco.

Cerca de las tres de la tarde, Martín y yo dimos los primeros bocados a la tortilla de Anastasia, que ya es mundialmente conocida en los campos de Oba. Los palistas se habían quedado a tomar cervecitas en Ribadesella, y subieron por turnos. Primero llegaron María y Aarón en el K2, y agradecieron la tortilla. Más tarde apareció Iván con el K1 del campurriano y casi se le saltan las lágrimas al degustar el delicioso pincho. Apareció también Sergio, nuestro infiltrado en Getafe, que hizo los honores al banquete antes de encaminarse a la carpa de la organización. Luis y Javi ya no llegaron a la tortilla. Regresaron mucho más tarde y se dirigieron directamente a las alubias de la carpa, para “forrar” todo lo que habían embaulado en Ribadesella. Otros amigos y conocidos que ya sabían de las dotes culinarias de Anastasia quisieron probar, pero tampoco llegaron a tiempo, pues los CM’s defendimos la tortilla a capa y espada.

Saludos, conversaciones, encuentros, amigos y conocidos… El Sella es una gran oportunidad de integrarse en esa gran familia, a veces bien, a veces mal avenida, pero familia al fin y al cabo, que es el piragüismo. El año que viene, volveremos a vernos.

Cronica enviada por: Martín, con retoques de Aura .

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