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Descenso Internacional Del Rio Deva por ” Dñª Aura Tazón “

 

    De las tres tripulaciones de aguerridos CMs que ayer participamos en el Descenso Internacional del Deva, la nuestra llegó la última. De los tres barcos, el nuestro hizo el peor tiempo. De los tres dorsales, sin embargo, el nuestro fue el único que salió sin remojarse y por tanto sin hacer puntos para el concurso Sirenita.

    Vaya por delante que la salida fue desastrosa para todos (la gritó el organizador de la prueba como le dio la realísima gana y cuando aún faltaban siete minutos para la hora marcada), pero reconozcamos que para la categoría de mixtos y el canoísta resultó bochornosa. Una docena de tripulaciones ninguneadas de modo vergonzante, pues la organización ni se había molestado en poner banderines de salida con las posiciones que debíamos ocupar, no se nos dejó sitio en la orilla y los árbitros no sabían qué hacer con nosotros. Al final fue el sálvese quien pueda y todos los mixtos colocamos las piraguas donde mejor nos pareció. Hubo mixtos repartidos por toda la orilla: quienes buscaban podio se prepararon entre los K2 y K1 sénior y otros como José y yo, mucho más modestos, nos hicimos hueco entre los veteranos, en una zona de fácil embarque.

    A Iván no le vimos la melena ni de lejos. Salió escopetado y se hizo la regata en 1:07 aunque con baño por el camino (seis puntos más para el concurso Sirenita 2017). Tiempazo para Iván, la verdad, y eso que dudábamos de él, estuvimos todo el viaje recordándole los excesos bodorriles del fin de semana pasado, que no nos parecía se pudieran haber depurado en tan poco tiempo. Él nos miraba con sorna, “decid cuanto queráis, panda de viejales, que os voy a peinar a todos”, rumiaba. Y lo hizo, lo hizo. ¡Bien por Iván!

    A quienes sí tuvimos a tiro de piedra fue a Keko y a Pedro. Salimos por delante de ellos, superamos montoneras y estuvimos a punto de zozobrar cuando un competidor achicante hizo por sentarse (sin querer, se entiende) en mi bañera. En ese momento de incertidumbre, asomó la proa del Dragón azulgrana a nuestro lado (no es un barco del Barça, es que a Trovi, el fabricante, se le acabó la pintura azul). Lo curioso es que fueron ellos quienes volcaron y en cambio José y yo aguantamos como fieras.

    No tardaron en pasarnos, con gran susto para Keko porque nos vio saltar por el peor sitio en uno de los rabiones complicados y temió por la integridad de la piragua cuando esta basculó sobre la piedra más gorda que había. ¡Tranquilo, jefe, lo tenemos controlado! Sólo caíamos cada tanto en ciertos errores de cálculo, pues estoy acostumbrada a llevar barcos que calan menos y me permiten pasar por casi cualquier sitio. A cuenta de eso encallamos varias veces, qué le vamos a hacer, pero solventamos con la infalible técnica del salto batracio. “No salgas del barco, Aura, que yo me encargo”, decía José y empezaba a pegar botes hasta que desencallábamos. “Esto lo he hecho muchas veces con mi señora en la kayak de mar”. Íbamos encantados con el descenso. Yo enfilaba el barco por el hueco más adecuado en los rabiones y él se encargaba de vencer la contracorriente con hábil manejo de pala en popa. Un equipo muy compensado.

    Dos veces en total volcaron Keko y Pedro (¡12 puntos Sirenita para ellos!, lo que coloca a Pedro en una muy aventajada posición en el acumulado, difícil de batir, aunque aún quedan muchas remadas por delante, con serios perseguidores que todavía pueden hacer méritos). Pensamos que les íbamos a cazar en una sequera grandísima en la que les vimos apearse por falta de calo, pero no fue así. De hecho, a partir de ahí empezó a haber agua suficiente para remar casi todo el tiempo y no éramos rivales para ellos. Además, el motor de proa se fundió más o menos en ese tramo, y como en la ría empezó a flaquear el de popa, terminaron por sacarnos ocho minutos nada menos. Aun así, acabamos nuestra regata sin ningún punto Sirenita en nuestro haber. ¡Misión cumplida!

    NOTA: No se piensen los lectores, a la vista de las fotos del amigo Jonás, que fuimos al Deva a correr en lugar de a palear. De todos modos, si el año próximo tampoco hay caudal, José ya ha amenazado con hacer el río con botas de montaña en lugar de escarpines. Quizá tenga razón.

Comentario propiedad de Dñª Aura Tazón.

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