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Memorial Miguel Angel Perez

Crónica de Aura Tazón.

Domingo. Asturias. Ocho y veintiséis. Suena el teléfono. Despierto con sobresalto. La alarma iba a pitar en cuatro minutos. ¿Por qué no han esperado cuatro míseros minutos para llamarme? «¿Aura? Soy Rosa. Mira, que acabo de adelantar a la furgoneta del club, estaban todos en la cuneta, algo ha pasado…». Ocho y veintisiete. ¿A qué hora me acosté? ¿A las cuatro? ¿Cuatro y diez? Un par de mensajes, una nueva llamada, esta vez de Keko. Una de las cinchas nuevas ha partido y la piragua intermedia ha salido despedida. ¡Hale, alegría! Y dolor de cabeza. Ahora sí, suena la alarma. Ducha, desayuno rápido y arranco hacia Trasona. Cafetón enorme y ni por esas. Estoy dormida. Ir de boda en carnaval, la víspera de una regata, tiene efectos secundarios. Pero venga, allá vamos. Pongo el GPS, que no estoy para pensar mucho en direcciones. Milena y Víctor tendrán que compartir piragua, puesto que la que llevaban para ella ha quedado inservible con el accidente. ¿Dará tiempo a cambiar las medidas entre las regatas de ambos? El GPS me habla y entiendo al revés las indicaciones. Me pierdo tres veces. Buen comienzo del día. Menos mal que hace sol. No voy a llegar antes que el equipo, me temo. Llamo a Elba, del Sirio, «¿puedes recogernos los dorsales, por favor?».

Anoche, en la boda, me tildaban de chiflada por pretender competir tras una noche de juerga. Hay que comprenderles, no son piragüistas, y tampoco saben que el Memorial Miguel Ángel Pérez es para nosotros el pistoletazo de salida de la temporada. Tampoco sabían los convidados a la boda que en esta edición se ha incorporado por fin la categoría de mujer máster, y que por tanto hay que ir a darlo todo, ¡que se note que somos cada vez más y muy guerreras! Elba me envía un mensaje con el resumen de los cambios acordados en la reunión de delegados. Bien, va a haber tiempo entre mujeres y hombres veteranos, para que Milena y Víctor puedan intercambiarse los barcos. Llego, saludo al equipo, saludo a mucha gente. Los amigos de Limpias se han venido también, y la gente de Colindres. Todo está bajo control y la piragua intermedia, hecha un cromo. Otra más para reparar. Pegamos los horarios de salida en la ventana de la furgoneta. Me da tiempo a tomar otro café antes de la carrera de los infantiles. Rico café. Empiezo a despertarme. Ambientazo en el embalse. No hay un metro cuadrado libre en el verde frente al Club Náutico Ensidesa. Más de setecientos palistas. Una pasada. La organización ha puesto una barra con bebidas y bocadillos. Todo el club Ensidesa colabora para arrimar el hombro, que este año somos muchísimos competidores y no es fácil organizar a tanta gente. Las regatas en Trasona son rápidas y los árbitros las llevan con agilidad.

De los nuestros, salen primero los infantiles. Djamili vuelca mientras se dirige a la línea de salida; le achicamos la piragua y monta de nuevo. Arranca en segunda línea, cerca de Alejandro, a quien los ensayos y conciertos no han permitido entrenar mucho el último mes. Buena salida de Héctor, quien al poco recibe un tremendo golpe en popa que casi llega a partir el cable del timón: queda tan solo un alambre para una regata movida. Martín quiere arriesgar en el lío, y sale bastante bien, pero se queda en un grupo poco ambicioso, aunque muy cómodo, y entra en meta el primero de los nuestros, sin haberse cansado demasiado. Héctor se repone del abordaje y se dedica a remontar hasta el final, que dirime al sprint. Alejandro se mantiene al margen de riesgos y entra tercero de nuestros chicos y Djamili va tranquilo detrás de sus compañeros. Dani rema tras ellos, en la multitudinaria salida de alevines. ¡Cuántos chiquillos hay en esa categoría! Después de su regata, se encargará de grabar en vídeo a su padre, pero no sabremos muy bien en qué podrá estar pensando cuando lo haga, porque en lugar de al palista enfocará a la barandilla de la presa…

Turno de las mujeres. Milena calienta un rato en compañía de Ari, de Limpias. Paula sale en la river, para asegurar, que es nuestro nuevo fichaje sénior, pero aún no tiene el equilibrio dominado. Mi idea es ponerme a su ola y que me lleve, por supuesto, que para eso es joven y fuerte, pero al final será Elba quien materialice mi plan, porque yo… En fin. Yo haciendo de las mías, como de costumbre. Pero con la disculpa de haber trasnochado. Y eso que en esta ocasión, salgo tranquila, bien alineada y con seguridad. Enfilo hacia la boya desde la izquierda de la línea. La veo, clara y grande, allá a lo lejos. Tres muchachas arrancan por delante de mí, van prácticamente en cabeza. Tengo agua limpia. Qué bien voy, qué bien me veo. La boya se va acercando. Sigo teniendo agua limpia. ¡Qué bien voy! Demasiado bien. ¿Dónde están las demás? Empiezo a pensar que algo falla. ¡Qué boya tan hermosa, tan grande! No le veo la bandera, pero ya me falta poco para llegar a ella. ¡Ostras! ¿Qué ocurre? Las tres mozas que iban por delante viran bruscas a estribor y es entonces cuando me percato de que la hermosa baliza que persigo no es la del recorrido de la regata. Leñe. Qué metedura de pata. Ya decía yo. Voy como puedo hacia el pelotón, en el follón de oleaje, y me dedico a sobrevivir sin más, mientras veo cómo Paula remonta posiciones con Elba firme a su ola. Milena, por detrás de mí, también tiene problemas de boyas. Si no me equivoco, una foto inmortaliza el momento en que los árbitros de meta le dicen que regrese, que se ha saltado el embudo de llegada.

Ahora sí, toca cambiar las medidas de la intermedia, mientras corren los hombres cadetes y después los juveniles. Ahí tenemos a Lucas, que sale bastante bien colocado, pero no logra aprovecharlo porque se ve pronto encerrado. Víctor, en veteranos, completa sus tres vueltas sin que su hijo logre grabarle en vídeo. Saludo a Jis, que no ha podido competir, muy a su pesar, y voy a ver la salida de Íñigo. ¡Qué bravo! Se coloca en medio, con los gallos. Pero recula un poco y pierde el equilibrio. A la voz de «¡ya!», todos salen menos él, que tarda tres paladas en reaccionar. Empieza a remontar. Íñigo tiene muy buena velocidad de crucero, pero dos palistas que se ponen a su ola pierden el control, chocan contra él y lo tiran.

Bollos preñaos —imprescindibles—, más saludos, recoger, acompañar en la entrega de trofeos y, por supuesto, comer todos juntos, que equipo que almuerza unido, permanece unido. Ha sido un precioso día de regatas estupendas, con gran nivel, mucha participación y un magnífico trabajo del C.N. Ensidesa. ¡Queda inaugurada la temporada!o

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